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lunes, 6 de mayo de 2013

La varicela y los adultos mayores


La varicela es una enfermedad muy contagiosa causada por un virus. Se transmite fácilmente a través del aire cuando las personas infectadas estornudan o tosen. La enfermedad también se propaga a través del contacto con las llagas de varicela de una persona infectada. Aquellos que nunca han tenido varicela pueden infectarse con sólo estar en la habitación con alguien que tiene la enfermedad.

A pesar de que la varicela es una enfermedad leve para los niños, puede ser mucho más seria para los adultos. Los primeros síntomas incluyen dolor generalizado, cansancio, fiebre y dolor de garganta. Luego, aparece una erupción cutánea (de la piel) que provoca picazón y que es similar a las ampollas o llagas.

Las personas que han tenido varicela están protegidas de tenerla nuevamente. Existe una vacuna para proteger a las personas que no han tenido varicela. Se recomiendan dos dosis de la vacuna para personas de 13 años de edad y más. La mayoría de las personas que reciben la vacuna contra la varicela no tienen problemas. Los efectos colaterales más comunes son leves e incluyen dolor e hinchazón en el brazo donde se aplicó la vacuna, pero en ocasiones también pueden incluir fiebre o una erupción cutánea leve.

Algunas personas que han tenido varicela pueden desarrollar herpes zoster en etapas posteriores de la vida. Esta enfermedad es causada por una reactivación del mismo virus que produce la varicela y está acompañada de una dolorosa erupción en la piel de pequeñas ampollas en cualquier parte del cuerpo.

El Instituto Nacional de la Alergia y las Enfermedades Infecciosas (EEUU) actualmente está probando una vacuna para herpes zoster en los Institutos Nacionales de la Salud en Bethesda, Maryland. Esta vacuna es similar a una usada para inmunizar contra la varicela. Después de aplicarse la vacuna, algunas personas han tenido algún malestar alrededor del área de la inyección. Además, unos pocos han tenido una fiebre baja.

Adaptado de:


martes, 9 de abril de 2013

Otras vacunas en las personas mayores


El sarampión, las paperas y la rubeola fueron en una época enfermedades muy comunes en  los Estados Unidos, pero se han convertido en raras debido al uso de las vacunas para prevenirlas. Al igual que muchas otras enfermedades, el sarampión, las paperas y la rubeola son en general más graves en los adultos que en los niños. La mayoría de los adultos son inmunes a las tres infecciones porque las tuvieron (o fueron vacunados contra ellas) cuando eran niños.
Todas las personas nacidas en 1957 o después de ese año deben haber recibido al menos una dosis de la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubeola—también conocida como vacuna triple viral o triple vírica, o MMR por su sigla en inglés—en algún momento después de su primer cumpleaños. Algunos adultos—como los profesionales de la salud y personas que viajan fuera de los Estados Unidos—pueden necesitar una segunda dosis. Las personas nacidas antes de 1957 pueden vacunarse si creen que nunca han tenido una de estas enfermedades. Recibir la vacuna no ocasiona ningún daño si usted ya es inmune a la infección.
Viaje
Mantener un registro de las vacunas

Si usted está planeando viajar al extranjero, consulte a su doctor acerca de las vacunas que usted necesita para ir a ese país. A veces se necesita una serie de vacunas, de manera que es mejor recibirlas mucho antes de su viaje.
Es útil mantener un registro de inmunización personal con los tipos y fechas de las vacunas que usted ha recibido, así como cualquier efecto colateral o problemas que haya tenido. El registro médico en el consultorio de su doctor también debe mantenerse actualizado.
El uso generalizado de las vacunas puede reducir el riesgo de contraer varias enfermedades contagiosas que afectan seriamente a las personas mayores. Usted puede protegerse contra estas enfermedades al incluir vacunaciones como parte de su atención regular de salud.
Adaptado de: