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jueves, 14 de febrero de 2013

Sarcopenia: ¿por qué es importante mantener el músculo con la edad y hasta cuando es normal?


Se denomina sarcopenia a la pérdida de fibras y células musculares del tipo II que ocurre a medida que nuestro organismo avanza en el tiempo. En efecto, desde los 30 años comenzamos a perder fibras y células musculares estriadas que son las que sustentan y dan fuerza  a la masa muscular de nuestras extremidades, siendo que a los 80 años puede haber una pérdida de hasta 50% de masa muscular, afectando la fuerza muscular y consecuentemente  nuestras funciones de la vida diaria como  son el caminar y subir escaleras, por ejemplo… Este fenómeno les ocurre a todas las personas, pero su intensidad será mayor o menor de acuerdo a la existencia de factores de riesgo entre los que debemos mencionar en primer lugar los que no pueden ser modificados: la edad, el sexo femenino, la presencia de enfermedades crónicas como la diabetes mellitus, las enfermedades de la glándula tiroides  y las enfermedades neurodegenerativas, como la demencia. En segundo  lugar tenemos los  factores de riesgo que si pueden modificarse: el hábito sedentario, la obesidad, las dietas restrictivas con falta de proteínas y el alcoholismo. Es interesante mencionar que especialmente en las mujeres, existe una cierta proporcionalidad entre osteopenia y sarcopenia, por lo que probablemente quien sufre de osteoporosis también tiene algún grado  mayor o menor de pérdida muscular, lo que eventualmente favorece las caídas y consiguientes fracturas osteoporóticas.

¿Cuál es el impacto de la sarcopenia? 
La sarcopenia es uno de los principales factores para el llamado Síndrome de Fragilidad del anciano, en el que ocurre pérdida de peso, pérdida de vigor y pérdida de fuerza muscular, propiciando la tendencia a las caídas y a la discapacidad. El síndrome de Fragilidad termina por afectar seriamente la independencia funcional del que lo padece, disminuyendo su calidad de vida y aumentando el riesgo de muerte.

La sarcopenia se diagnostica a través de un examen llamado Absorciometría por Rayos X de Doble Energía (DEXA), que se realiza con un densitómetro en centros especializados. También puede diagnosticarse a través de otros estudios más sofisticados como la tomografía axial computarizada o la impedancia bioeléctrica, pero en la práctica, los médicos geriatras, que son los que mejor conocen esta condición, la diagnostican a través de pruebas del desempeño de la función motora y algunas medidas antropométricas.

Una vez diagnosticada, la sarcopenia debe ser prevenida y tratada con ejercicios especiales, que son los llamados isométricos, contra resistencia. Los más conocidos son los ejercicios con pesas con peso progresivo, tanto para extremidades superiores como inferiores, pero también pueden ser ejercicios isométricos de valor subir escaleras, ejercicios con bandas elásticas o bicicleta estática. Junto con los ejercicios hay que favorecer también estilos de vida saludables; evitar el tabaco, moderar el consumo de alcohol, mantener una dieta con un aporte  normal  y diario de proteínas, tanto de origen animal como vegetal. Enfermedades crónicas como la diabetes y las tireoideopatías deben ser controladas por el médico de cabecera y los obesos deberán recibir una intervención nutricional de acuerdo a su edad y factores de riesgo propios.

La sarcopenia es una condición degenerativa que debe ser mejor conocida y divulgada para prevenirla y tratarla especialmente entre los mayores de 65 años para mantener la fuerza muscular y evitar las caídas en la vejez.

Escrito por:

Dr. Luis M. Cornejo A.
Médico especialista en geriatría y Gerontología
Profesor de Geriatría, Departamento de Medicina Interna, Facultad de Medicina, Universidad de Panamá.


lunes, 11 de febrero de 2013

La vitamina D está de moda y está asociada con varias enfermedades crónicas


La llamada vitamina D es en realidad una de las hormonas más potentes del cuerpo humano. Se produce en la piel a partir del colesterol, por la acción de los rayos ultravioleta del sol. El color de la piel, la cantidad y tiempo de exposición al sol afectan su producción. Las personas que sufren de sobrepeso u obesidad,  tienen piel oscura, son mayores de 60 años, toman ciertos medicamentos (corticoides, fenobarbital, fenitoina, orlistast y colestiramina) o tienen incapacidad para exponerse al sol directamente por lo menos 15 minutos al día, están en mayor riesgo de tener déficit de esta vitamina.

Además de los efectos benéficos ya conocidos en el hueso y metabolismo del calcio, recientemente el déficit de vitamina D se ha asociado a disminución de la masa muscular (sarcopenia), caídas, fracturas de cadera, incremento de riesgo de cáncer (en especial de colon), hipertensión arterial, aumento del azúcar en la sangre, alteración en el sistema inmune (artritis reumatoide, infección por influenza), depresión y demencia. Por otro lado, en ciertas concentraciones se le ha asociado con un efecto protector para enfermedades cardiovasculares.

La forma más recomendable para el diagnóstico de deficiencia de vitamina D a través del análisis de sangre de 25-hidroxicolecalciferol. Las cifras normales son de 35 a 50 ng/ml, se consideran concentraciones óptimas para proteger del cáncer y cardiopatías de 50 a 70 ng/ml y a partir de 88 ng/ml pueden aparecer efectos adversos o toxicidad.

Algunos alimentos son fuentes de vitamina D. Estos incluyen la leche materna, el hígado de res, el aceite de hígado de bacalao, el salmón, las sardinas, el atún, la caballa y la yema de huevo, y aquellos que han sido fortificados con vitamina D leche, cereales y jugo de naranja. Actualmente la forma de vitamina D más recomendada para reponer es la vitamina D3 (colecalciferol) porque tiene similitud química con la forma de vitamina D producida por el cuerpo y es más efectiva que la D2 para incrementar la concentración sanguínea de vitamina D según las últimas investigaciones.

En líneas generales, después de 2 a 3 meses de tomar 2000 UI de vitamina D3 como suplemento, se incrementan los niveles de vitamina D en la sangre en 20 ng/ml. Luego de alcanzar los niveles deseados, la mayoría de personas pueden usar 800 a 1000 UI de vitamina D3 por día como dosis de mantenimiento. Recuerde que toda suplementación debe hacerse bajo supervisión de su médico para evitar la toxicidad.

Escrito por:
Dr. José Francisco Parodi
Dra. Rocío Morante